El origen del Xoloitzcuintle y su historia

El xoloitzcuintle, es una raza de perro originaria de México, también es conocido como xolo o como perros pelones como apodo. La palabra xoloitzcuintle proviene del náhuatl: Xólotl, que significa monstruo o extraño, e itzcuintli, que significa perro.

Son considerados perros aztecas debido a su estrecha relación con las culturas prehispánicas de México, especialmente la mexica (azteca). Estos perros eran altamente valorados por los aztecas y otras civilizaciones mesoamericanas

Se cree que esta raza tiene 2,000 años de antigüedad, pero hay estudios que afirman que puede tener hasta 7,000 años. Gracias a unas piezas de cerámica encontradas a principios del siglo XX en Colima y conocidas hoy en día como los perritos danzantes colimenses, se sabe qué hace unos 2 mil años, en una franja que va desde Nayarit hasta Guerrero, nació una camada de perros en la que uno de los ejemplares destacaba por su falta de pelo.

Cuando nació el primer xoloitzcuintle, despertó la curiosidad de los habitantes por su peculiar característica: no tenía pelo, esto se debe a un gen dominante que causa displasia dérmica, lo que también resulta en la falta de algunos dientes premolares. Los habitantes de la comunidad consideraron que pese a ser un animal extraño, su aparición respondía a una decisión de los dioses, y que por eso no le correspondía matarlo ni decidir su destino. Así, lo aceptó como a los demás perros y lo llamó xoloitzcuintle, pues además de este, existían otras dos especies prehispánicas conocidas que ya están extintas: el itzcuintli y el tlalchichi.


Este perro azteca ha sido motivo de veneración entre los habitantes del Imperio Mexica y se creía que brindaba curación a malestares de asma, cólicos y reumatismo por el calor de su piel, pero también eran usados en ritos prehispánicos y usados como alimento para estos mismos.

Con la llegada de los españoles, hubo órdenes de prohibir cualquier rito religioso no católico, esto incluía el consumo de la carne de perro, también acabaron de forma masiva con todos los perros nativos que quedaban en las calles, por lo que fueron envenenados. Fue así como los canes ya no eran vendidos en los mercados y fueron pocos los que mantuvieron a algunos en sus casas, por las restricciones de las costumbres prehispánicas la reproducción y preservación de la especie fue en declive, hasta 1950 la especie se creía extinta, hasta que el embajador británico Norma P. Wright decidió viajar en la expedición "Xolo" a buscar a los últimos ejemplares nativos. Resulta que, ante la opresión de la corona española, hubo una migración de indígenas hacia el centro de la zona costera del Pacífico, que llevaban consigo a los últimos perros prehispánicos. Fue en Oaxaca y Guerrero que solamente el xoloitzcuintle fue localizado.

Una vez con los suficientes ejemplares de xolos intervino la Facultad de Medicina y Zootecnia de la UNAM, en donde se inauguró una pensión canina en Coyoacán con estos animales, iniciando así su reproducción.





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